Una cartera fría almacena las claves privadas de forma completamente desconectada de internet, normalmente en un dispositivo físico (hardware wallet) como Ledger o Trezor, o incluso en un simple papel con la semilla de recuperación escrita.
Por qué es más segura
Al no estar nunca conectada a internet durante la generación y almacenamiento de las claves, un atacante no puede robar los fondos de forma remota mediante malware o phishing: necesitaría acceso físico al dispositivo y, normalmente, también un PIN o contraseña adicional.
Cuándo usarla
Se recomienda para cantidades que no vas a mover con frecuencia (ahorro a medio-largo plazo), a diferencia de una cartera caliente, más práctica para el uso diario pero más expuesta a riesgos online.
El riesgo pasa a ser físico
El principal peligro de una cartera fría no es el hackeo, sino la pérdida o destrucción física del dispositivo o de la semilla de recuperación: sin ella, los fondos son irrecuperables. Por eso se recomienda guardar copias de la semilla en varios lugares seguros.